Diario ABC, Martes 12, mayo 2009
El papel de Naciones Unidas
Tras el posterior reparto del territorio, alrededor de cien mil marroquíes se instalaron en esta región y gran parte de la población saharaui se vio obligada a huir, en su mayoría a los
campos de refugiados en Tinduf, al sur de Argelia. Los saharauis, representados por el Frente Polisario, y el Ejército de Marruecos se enzarzaron en violentos combates, que se intensificaron con la proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). En 1979, Mauritania decidió retirarse de la guerra y su parte de territorio saharaui fue rápidamente ocupada por las tropas marroquíes. Los ataques entre ambos bandos se prolongaron hasta el alto el fuego decretado en 1991 por mediación de la ONU y de la Organización para la Unidad Africana (OUA).
Desde entonces y hasta hoy, el papel de Naciones Unidas ha sido siempre “el de la incitación a la descolonización y negociación con los países vecinos e interesados”, para la consecución de un Plan de Paz que terminase con el contencioso. Se creó entonces la MINURSOn encargada de velar por el cumplimento del alto el fuego y por la transparencia en el proceso electoral que debía comenzarse. Durante cuatro años, se enfrentó a las trabas que oponía Marruecos al proceso de identificación de aquellas personas con derecho a voto en el referéndum, intentando incluir en las listas a naturales de este país.
En 1996 el proceso de paz y la misión de la ONU se encontraban al borde del colapso final, sin que se hubiese llegado a ningún acuerdo fructífero entre ambas partes. Ese mismo año, Kofi Annan pasó a ocupar el Secretariado General de la organización internacional, y se habló entonces de relanzar el proceso de paz. Se envió a la zona para tal cometido a James Baker, quien consiguió reunir a las partes de modo que en el verano de 1997 se firmó el acuerdo de Houston, cuyo punto más importante es el compromiso de presentar una lista definitiva de votantes en el verano de 1998. Llegada esta fecha, el Polisario se negó a aceptar la propuesta de Marruecos de incluir a 60.000 nuevos votantes, ya que esto supondría alargar el proceso durante un año más y los refugiados saharauis comenzaron a demandar soluciones concretas ante su frágil situación. Aún así, la maniobra marroquí tuvo éxito y Naciones Unidas decidió retrasar el referéndum un año más.
Seguirán contándose los éxitos diplomáticos del lado marroquí, y a pesar del cambio de monarca tras el deceso de Hasan II y la coronación de Mohamed VI, el Reino alauí no cambiará su actitud. Ante el punto de inmovilidad al que llegó el proceso, el enviado especial de Naciones Unidas al territorio propuso los planes Baker I y II, sin que se llegase a salir del estancamiento en el que se hallaban las negociaciones.
Después de un impasse de más de 10 años y del fracaso de estas dos iniciativas, Marruecos y el Frente Polisario se reunieron, a mediados del año 2007 en Estados Unidos. Pero en los diálogos de Manhasset las posiciones de las dos partes volvieron a chocar. La postura del Polisario es el derecho a la autodeterminación, por lo que trata de acordar las modalidades del referéndum aplazado desde 1991. Para Rabat, su postura refleja un plan unilateral de facultades autonómicas para el Sáhara, que descarta el derecho a la autodeterminación y, por lo tanto, su eventual independencia. Después de algunos encuentros entre las dos delegaciones, el diálogo se encuentra estancado, lo que hace presagiar que todavía queda un largo camino para llegar a la solución definitiva.